Castillos en el aire y otros textos mordaces de Francisco Zarco

11 Nov

Mauricio Romero

Zarco irónico. Zarco duro como un balonazo en la cabeza ─con sus consecuentes risas burlonas─. Francisco Zarco reflexiona a partir de temas tanto aparentemente frívolos como realmente brutales. En sólo 107 páginas, Castillos en el aire y otros textos mordaces recopila diez artículos escritos entre 1851 y 1854, es decir: de los ¡22 a los 25 años de edad del autor!Castillos en el aire...

El maestro de Durango sabe que la oligarquía de la época es la que lo lee y en su cara se mofa de ella: de su esnobismo, de su cinismo, del culto por las apariencias; del pragmatismo y azar, origen de las riquezas (“El mundo aplaude cuando se le presentan bienes de fortuna y nunca indaga qué medios se emplearon para adquirirlos”. “El honor para la fortuna es tramite negativo”).

Zarco es vigente porque el México que retrata, extremadamente desigual y clasista, es el mismo del siglo XXI. Los textos Miseria, ¡Pobres ricos! y El pueblo bien podrían ser publicados en pleno 2014:

“Para que  esos seres [los miserables] no conozcan su desgracia, la sociedad, siempre humana, cuida de que siempre vivan ignorantes; suelen estorbarle, y entonces los hace soldados para que defiendan una patria a que tanto deben; y para estar a cubierto de su hambre, tiene leyes que aseguran al proletario el presidio y la horca enteramente gratis.”

Los pobres “saben muy a tiempo que su país les da sólo cárcel, hospital y cementerio”. Entiéndase por “cementerio” fosas, como las del México actual. Para los ricos, todo lo contrario, pues hasta  “las ideas del honor, de la decencia, de la buena educación, del talento y de la instrucción, siempre tiene alguna mezcla con la grande idea dinero”.

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La corrupción y la profunda desigualdad provocada por un sistema económico liberal es el sello de la sociedad decimonónica: la explotación de la mayoría por una ínfima burguesía a la que él llama “aristocracia”. Al leer a Zarco uno entiende que los años han caído por décadas, centenarios, y que la podredumbre sistémica del país perdura, al grado de reflejarse fielmente en páginas que fueron entintadas en épocas consideradas como remotas:

“Del trabajo del pueblo se forma el erario de las naciones, y este erario en todas partes se convierte en patrimonio de unos cuantos.

“Y el pueblo que trabaja incesantemente, es sin embargo pobre y desvalido. […] Y esto consiste en que el fruto del trabajo, es usurpado por los que a fuerza de usurpaciones se llaman después nobleza o aristocracia.

“Y el origen de la aristocracia ha sido siempre la usurpación del trabajo ajeno, la acumulación en unos cuantos de lo que era de los demás.

“Y cuando la aristocracia ha crecido como planta parásita ─hoy México es uno de los países con mayor número de millonarios en el mundo─, como árbol maléfico que seca las plantas que lo circundan, el pueblo ha sido extranjero en su patria, porque se ha visto despojado de la tierra y el agua, del trabajo y el pan ─México también es una de las naciones con mayor índice de desigualdad en el orbe─.”

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Sin vacilar, habló sobre la enajenación. Anticipó la telecracia de ahora:

“La aristocracia ha envuelto la inteligencia del pueblo en oscuras tinieblas, porque ha querido que los hombres dejaran de ser hombres, convirtiéndose en ovejas. Y ha dado leyes bárbaras a los pueblos, imponiéndoles con la fuerza lo que deben creer y pensar; les ha prohibido la siembra de algunas plantas; les ha impedido trasladarse de un punto a otro; les ha arrancado la libertad, y los ha degradado para poder oprimirlos.”

La Matraca***

De igual forma señaló a los guiñapos de esa burguesía, quienes buscan y obtienen el poder público en beneficio de los amos del sistema que los llevó a conseguirlo:

“El pueblo es el pretexto constante de las ambiciones, de los errores y de los crímenes que deshonran a la sociedad. Pero el pueblo jamás tiene parte en esas infamias. […] El pueblo es en boca de los tribunos codiciosos, un ídolo ante quien se prosternan hipócritas para ser ensalzados. Y el pueblo sólo es engañado y explotado por los tribunos.

“Cuando se hacen las leyes, se grita que se trata de los interés del pueblo, y casi siempre se trata de la codicia de un hombre solo, y de la imbécil turba que lo rodea. […] El que aspira a dominar a la multitud.

“Los opresores no han dejado que el pueblo examine su situación, y han inventado que es crimen revelarla. […] Hace tiempo se oprimía al pueblo en nombre de Dios, y los tiranos blasfemaban para oprimir.

“Hoy oprimen al pueblo en nombre del pueblo, y así para oprimir son impostores. […] Hay quienes hacen al pueblo promesas de felicidad; pero desconfíe, porque tales promesas son como las de la serpiente del paraíso.”

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Sobre esos los acaparadores de las riquezas de la nación y el lavado de conciencias que ejercen públicamente también escribe Zarco. Piense en el Teletón, en las fundaciones de personajes como Carlos Slim, Harp Helú, Alberto Bailleres y demás empresarios cuyos negocios florecieron gracias al poder político que ellos mismos alimentaron para su beneficio: “En vano se quiere acallar a ese juez severo de la propia conciencia con engaños y farsas, con ruidosas obras de caridad, con donativos a una iglesia, con socorros calculados a los pobres.”

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En tiempos de dolor y exasperación ante la injusticia generalizada. En momentos en los que una minoría ilustrada está consciente que por las vías institucionalizadas ─anquilosadas y cooptadas─ no se logrará un cambio real mientras que la aplastante mayoría alineada repite ser partidaria del pacifismo irreflexivo, conviene recordar lo que Zarco apunta sobre la inmovilidad:

“Este es el único país que ha elevado a la pereza al rango de virtud, y al decir esto no hay exageración. Mirad por qué son estimados muchos hombres: porque son pacíficos, dicen, porque no hacen nada, porque no se meten en nada, porque no tienen parte en anda, porque viven sin ser útiles a nadie, porque son egoístas, imbéciles y perezosos. ¡Y para tantas virtudes somos pródigos de recompensa! ¡Y esperamos algo de esos hombres y los elevamos para que como siempre no hagan nada, ni se metan en nada!”

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Zarco se mofó de los esnobistas del siglo XIX. El maestro se regodea en la ironía e incluso tropieza en sacasmos. Quien crea que los hípsters son cosa de este este siglo se equivoca: Zarco se burló de ellos muchísimo antes. Enfiló su sorna hacia los seudoescritores “clásicos” y “románticos”, específicamente.

Sobre los primeros: “Todos sueñan con oír repetido su nombre en todas partes […] Para el clásico, de las literaturas extranjeras sólo la italiana merece ser conocida; […] ha de hacer seis u ocho sonetos, pero con tanto tino y con tanto juicio, que debe emplear unos siete u ocho años en cada uno de ellos; […] Todos los conocimientos modernos han de horrorizar a los clásicos. […]Con respecto a los principiantes han de ser muy severos, y sólo han de tener indulgencia cuando éstos los aclamen por maestros”.

Sobre los “románticos”: “Sus más bellas inspiraciones ha de haberlas tenido a los siete u ocho meses de nacido. El escritor romántico nunca debe estudiar nada. […] Debe ser flaco, pálido, barbudo, pobre y muy desesperado. […] Hará endecasílabos de veinte sílabas, y octasílabos de cinco, porque su genio es superior a todos los que antes que él vinieran al mundo. […] Ha de escribir sin desanimarse con la censura de los críticos que le tienen envidia, ni con los silbidos del público, que necio e ignorante se conjura contra él. Catorce tomos cada mes, acompañados cada uno del retrato del autor. […] En los retratos debe haber variedad; en un tomo el autor aparecerá embozado en su capa, en otro en mangas de camisa, en otro con uniforme de guardia nacional. Se retratará escribiendo, durmiendo, queriéndose matar, soñando, de todos modos en fin, menos pensando”.

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Incluso de toros opina. Zarco se plantea una duda: ¿Por qué demonios las damas acuden por la tarde a los toros y por la noche a la ópera? El maestro es antitaurino. Considera a las corridas como un espectáculo repugnante y grotesco, clasista además, en el que la vida de los hombres y animales son ofrecidas a un público inculto.

Su conclusión es igual de vigente: Las damas ─y sus respectivos caballeros, aún más superficiales que ellas─ ni aprecian lo taurino ni mucho menos lo musical. A ambos espectáculos la gente se peleaba por ir “porque otros van”. Porque la plaza y el teatro eran los dos únicos lugares de moda. Por eso nada más.

Los que menciono, no son todos los temas que toca Zarco y que son recopilados en este libro. Pero ahí queda la muestra de las alturas a las que llegó con apenas veinte años.

Ficha: Zarco, F. (1984). Castillos en el aire y otros textos mordaces. Ciudad de México: INBA, SEP, Premia Editora.

Precio: 50 pesos en una librería de viejo al pie del metro Viaducto.

Zarco

El lado sucio del futbol

29 Oct

Mauricio Romero

“El futbol es un patrimonio del pueblo brasileño. Pero históricamente ha sido usado por algunos para enriquecerse. Cuando el aficionado perciba la fuerza que tiene y los jugadores entiendan que son los principales actores del espectáculo, esa explotación se acabará”, concluyó el jugador exiliado en Medio Oriente Paulo André en entrevista con los autores de El lado sucio del futbol.El lado sucio del futbol

El libro de Amaury Ribeiro Jr, Leandro Cipoloni, Luiz Carlos Azenha y Tony Chastinet demuestra la segunda oración arriba citada: el futbol ha sido la fuente de riqueza de unos cuantos: en este caso los dirigentes de la FIFA, la Confederación Brasileña de Futbol y sus socios disfrazados de patrocinadores que en realidad son los grandes corruptores del deporte.

El trabajo de investigación se enfoca en las figuras de Ricardo Teixeira, Joao Havelange, Sandro Rosell y un grupo de oportunistas que, gracias a la amistad-colusión con ellos, hacen negocios con métodos dignos de un cártel consolidado. Las pruebas: registros oficiales y mercantiles; pesquisas parlamentarias en Brasil y de un tenaz fiscal suizo que derribó el secreto que los nuevos ricos buscan gozar en el paraíso fiscal.

Lo contado en El lado sucio del futbol no compete sólo al medio brasileño, pues la historia de Joao Havelange ─contada en la primera parte del libro de 264 páginas─ repercutió en el deporte más popular del mundo de tal manera que el modelo mercantil, impulsado por la corrupción de los grandes consorcios y los directivos de la FIFA, tiene un futuro garantizado… por los contratos firmados cuya vigencia trascenderá por lo menos la próxima década.

Los periodistas explican los caminos seguidos por Havelange y su exyerno Teixeira para hacerse de la dirección del futbol y las artimañas –sobornos, empresas paralelas, inversiones multimillonarias– utilizadas por Adidas, Tv Globo y Nike para convertirse en los verdaderos dueños de la pelota. (nota: es imposible no pensar que los nombres de Televisa y Emilio Azcárraga Milmo se sumarían de hacerse un trabajo periodístico similar).

“Estimado lector, prepare su corazón. Si usted es uno de esos aficionados bien fanáticos, este libro va a agitar sus sentimientos y su enorme pasión”, advierte Romário en el prólogo. Y tiene razón. El apasionado de las habilidades de las piernas ajenas normalmente no piensa de quién es el futbol y factura millones de dólares por él. Al terminar de leer, el aficionado tendrá claro que es la parte menos importante del espectáculo, que su papel dentro del futbol es el de un fiel –alienado─ consumidor.

La ruta del dinero –que invariablemente pasa por paraísos fiscales, empresas fantasma o fachada, asociaciones internacionales–, el cinismo y goce de impunidad son explicados con fechas y detalles, con nombres y razones sociales.Teixeira y sus aliados

“Si yo pudiera darle algún consejo al pueblo, le diría que dejase de colocar su pasión y su dinero [en el futbol] porque todos son empresarios. Yo ya fui fanático del Santos y dejé de serlo por la Comisión Parlamentaria de Investigación. Hoy ya no le voy a ningún equipo. Hasta es difícil que le vaya a la selección brasileña”, confiesa el doctor Rosinha, diputado miembro de la comisión que indagó la torcida influencia de Nike en el balompié brasileño.

Entre la trama de corrupción, ascensos y aparentes caídas, el tema central de El lado sucio del futbol, el gran objetivo que logra demostrar –pues no existe actividad humana libre de corrupción–, es la privatización del futbol desde hace décadas y escandalosamente evidente en el Mundial de Brasil 2014.

El lado sucio del futbol es una lección para todo aquel que se considere periodista deportivo. El libro es una bofetada para quienes aseguran que lo que ocurre fuera de la cancha no compete a los que cubren, narran o analizan la forma de rodar del balón.

Havelange, Teixeira, Rosell, Blatter y otros titiriteros del futbol son los casos expuestos, pero al final de cuentas modélicos de lo que ocurre en el mundo gobernado por la FIFA y sus asociados.

“Yo todavía amo el futbol. Pero durante mi trabajo entendí que el deporte es dirigido por personas que no deberían estar ahí. El futbol es un bien cultural de la humanidad y debería ser gobernado por el pueblo, no por los viejos enemigos del deporte”, agregó con pesar Rosihna, uno de los diputados que destapó y olió de cerca la podredumbre del futbol secuestrado por las empresas trasnacionales y los directivos al servicio de éstas que se enriquecen en el camino. Tal vez el lector se quede con la misma sensación.

Ficha: Amaury Ribeiro Jr & Leandro Cipoloni & Luiz Carlos Azenha & Tony Chastinet (traducción Cláudio Tavares). (2014). El lado sucio del futbol (primera edición impresa en México). Ciudad de México: Planeta.

Precio: 290 pesos en Sanborns.

@mauromero

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`El olor de la guayaba´. Conversaciones de García Márquez con Apuleyo Mendoza

3 Jan

Por Mauricio Romero


// El olor de la guayaba

El Nobel de Literatura Colombiano responde las preguntas precisas de un estupendo escritor, quien además es su amigo de toda la vida. ¿El resultado?: una entrevista perfectamente estructurada de Plinio Apuleyo Mendoza a Gabriel García Márquez que da ganas de comérsela en dos bocados.

El título que pareciera incomprensible de entrada, termina siendo la mejor síntesis del contenido del libro. Para García Márquez, todo el enigma del trópico se puede reducir en una cosa: “la fragancia de una guayaba podrida”, y eso es lo que está en las 166 páginas de la décima cuarta impresión de Diana al texto hecho al alimón por los maestros en 1982: la esencia del escritor colombiano más leído de la Historia.

El olor de la guayaba debe estar al lado de los libros que tenga del escritor de Aracataca, pues cada vez que apetezca releerlo, sobre todo Cien Años de Soledad y El otoño del patriarca, obtendrá la ayuda del propio autor para una mejor lectura y disfrutar cada vez más sus obras. El mismo García Márquez cuenta del proceso creativo; los baches, las piedras, la “inspiración”; de cómo puede sufrir un maestro de las letras para que en un pueblo-escenario haga tanto calor que el lector lo sienta o por la muerte de uno de sus personajes: “Yo sabía que en un momento dado tenía que matarlo, y no me atrevía (…) Y una tarde pensé: `¡Ahora sí se jodió!´. Tenía que matarlo. Cuando terminé el capítulo, subí temblando al segundo piso de la casa donde estaba Mercedes. Supo lo que había ocurrido cuando me vio la cara. `Ya se murió…´, dijo. Me acosté en la cama y duré llorando dos horas”.

En cuatro textos escritos con prosa de cuentista, intercalados cada dos capítulos, Apuleyo Mendoza pinta el mundo de su amigo y da un contexto al resto de los apartados. El lector sentirá la polvosa Aracataca y conocerá la enorme casa del abuelo-coronel Márquez Mejía, llena de mujeres donde lo fantástico se entrelazaba con la vida normal, marcando al más conocido de los 16 hijos del telegrafista del pueblo. Un par de ejemplos:GGM con 2 años.

Cuando la noche –noche de los trópicos, sofocante y densa de olores de nardos y jazmines y rumores de grillos– caía brusca sobre la casa, la abuela inmovilizaba en una silla a Gabriel, entonces un niño de cinco años de edad, asustándolo con los muertos que andaban por allí: con la tía Petra, con el tío Lázaro o con aquella tía Margarita (…) “Si te mueves –le decía la abuela al niño– va a venir la tía Petra que está en su cuarto”.

La tía Francisca Simonosea, que era una mujer fuerte e infatigable, se sentó un día a coser su mortaja. “¿Por qué estás tejiendo una mortaja?”, le preguntó Gabriel. “Niño, porque me voy a morir”, respondió ella. Y en efecto, cuando terminó la mortaja se acostó en su cama y se murió.

Con relatos así, más otros contados por don Gabo mismo, se amplía la perspectiva y el juicio sobre las raíces del `realismo mágico´, tan emparentado con Kafka como con la abuela Tranquilina.

La charla entre los amigos desmenuza, no deja desperdicios, pues el entrevistador de antemano conoce las respuestas y, sin decirlo, da una clase a los reporteros de lo que es una entrevista ideal, en la que se sabe lo que a uno le dirán sin alardearlo con extensas intervenciones, sino que se pregunta y pregunta utilizando ese conocimiento del personaje para desechar lo intrascendente, para buscar tuétanos y encontrar el olor de la guayaba.

Un par de capítulos están dedicados completamente a Cien años de soledad y El otoño del patriarca. Regalos para quienes hayan leído ambas. No digo más. Sólo que lo aconsejable sería primero leerlas, después ir al capítulo sobre cada una y finalmente seguir lo dicho por el autor en otras oportunidadesw: releer es la máxima satisfacción del mundo.GGM en 1981. Foto Eva Rubinstein

Antes, Apuleyo Mendoza relata en La espera el camino andado, las atmósferas y condiciones en las que García Marquéz escribió La hojarasca en la redacción de El Heraldo de Barranquilla; El coronel no tiene quien le escriba en el frío acuchillante de París, donde el futuro Nobel tuvo que pedir una moneda para paliar la miseria; Los funerales de mamá grande en una Caracas que “ni siquiera se enteró de su existencia, cuando era allí un periodista flaco e inquieto de treinta años, que escribía excelentes reportajes y enviaba sin fortuna sus cuentos a concursos de los diarios”; La mala hora, iniciada en Francia, pero concluida en Bogotá siempre escribiendo de noche, pues su trabajo en la agencia de noticias Prensa Latina era lo que lo sustentaba; hasta la llegada a México, con una suela desprendida del zapato, donde escribiría Cien años de soledad. “Hasta el momento yo he tomado con mis libros el camino más seguro. Sin correr riesgos. Ahora siento que debo caminar por el borde (…) O doy un trancazo con este libro o me rompo la cabeza”, le dijo a su amigo en esa época.

En los demás capítulos, en los que conversan sobre mujeres, política, lo pavoso (la mala suerte, el mal fario de los gitanos), sus amigos, su propia celebridad… la figura del escritor se agiganta al humanizarla desnudando su buen humor, sensibilidad y sólidas ideas humanistas y progresistas.

Por demás interesante es saber cómo germinaron y entrañaron sus amistades con un cultísimo Fidel Castro, “lector voraz, amante y conocedor muy serio de la buena literatura de todos los tiempos”, a quien dejaba un libro al despedirse “a las cuatro de la madrugada, después de una noche entera de conversación”, para encontrarlo seis horas después, exacto el medio día, “con el libro ya leído”; con Mitterrand (“Yo había leído sus libros (…) También él había leído mis libros”) y con el general panameño Omar Torrijos (“el hombre más desconfiado y el más imprevisible”), quien murió en un avión al que García Márquez por alguna razón rehusó subir: “Nunca he sabido por qué, pero por primera vez desde que éramos amigos, le dije que no”, cuenta sobre el accidente ocurrido el 23 de julio de 1981, unos cuantos meses antes de recibir el Nobel de Literatura.

Ficha: Apuleyo, P. & García, G. (2007). El olor de la guayaba, Gabriel García Márquez conversaciones con Plinio Apuleyo Mendoza (décima cuarta impresión). Ciudad de México: Diana.

Precio: De 110 a 170 pesos en librerías. El mío lo compré en 50 pesos en una de las ferias del libro de Paco Ignacio Taibo II.Edición vieja de La Oveja Negra y Diana

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`El fútbol a sol y sombra´ de Eduardo Galeano

27 Dec

Por Mauricio RomeroP26-12-12_12.26

No hay de otra, se lee con una franca sonrisa, la más sincera que quizá existe: la del lector solitario que disfruta de la ironía y las letras de ese portento latinoamericano que es Eduardo Galeano. El fútbol a sol y sombra trasciende el césped, aunque se regodea en las historias que se dan en él.

La primera reimpresión de la cuarta edición, aumentada, tiene 288 páginas retacadas de instantes verdaderos contados en tono de fábula popular. El libro es cronológico e inicia en los mundos de los bisabuelos del futbol en China y Mesoamérica para terminar en la Copa del Mundo de Alemania 2006. Galeano no pretende contar la historia del futbol, sino recorrer las historias, goles, atajadas, jugadas y personajes que lo marcan.

El autor se acusa de ser un mal hincha por disfrutar las jugadas del rival, pero en realidad ello lo convierte en el mejor de los aficionados: “un mendigo de buen fútbol”, como él mismo se define, quien, con su acento uruguayo, ruega por “una linda jugadita, por amor de Dios”. Y así cosió el libro a punta momentos ajenos a la uniformización, robotización, del juego.

El fútbol a sol y sombra es una hermosa arma que un aficionado al balompié le podrá entregar, como el manifestante que da una flor al granadero, a quien sea un recalcitrante opositor del opio de los pueblos sólo porque éste ha sido secuestrado por la televisión y el dinero. “Pocas cosas ocurren en América Latina (y en grandes zonas del mundo), que no tengan una relación, directa o indirecta, con el fútbol. Fiesta compartida o compartido naufragio, el fútbol ocupa un lugar importante en la realidad latinoamericana, a veces el más importante de los lugares, aunque lo ignoren los ideólogos que aman a la humanidad pero desprecian a la gente”, apela Galeano.

El futbol ha sido capaz de provocar guerras y treguas. Se ha matado y dejado de disparar por él. Por medio del futbol, hubo negros que gritaron su condición humana humillando con el balón en los pies a quienes se la habían negado. Idiosincrasias y filosofías de vida se reflejan en la forma de patear de los hombres. Los del poder, tienen en su poder hasta al futbol y los oprimidos, hasta en el futbol están oprimidos.

¿Qué hacen en un libro sobre futbol Hitler, Franco, Borges, Camus, Gardel, El Che Guevara, Mussolini, Videla? De la pluma del maestro, un ejemplo brutal de la relación del futbol con la Historia del mundo:El balón de la discordia. EG

También para los nazis, el fútbol era una cuestión de Estado. Un monumento recuerda, en Ucrania, a los jugadores del Dinamo de Kiev de 1942. En plena ocupación alemana, ellos cometieron la locura de derrotar a una selección de Hitler en el estadio local. Les habían advertido:

Si ganan, mueren.

Entraron resignados a perder, temblando de miedo y de hambre, pero no pudieron aguantarse las ganas de ser dignos. Los once fueron fusilados con las camisetas puestas, en lo alto de un barranco, cuando terminó el partido.

Relatos como éste, al igual que referencias a goles y jugadas maravillosas que hacen que uno dude si el juego de hoy es lo bueno que pregonan los pregoneros a sueldo, están incrustados entre las reseñas mundialistas. De igual forma, con ejemplos, pequeños ensayos y recuerdos de viejos y nuevos futbolistas, Galeano desarrolla tesis sobre el juego, sobre lo que era, lo que es: el pájaro enjaulado por el miedo mediocre a perder y no facturar millones.

El escritor no expone críticas abiertas, sino que demuestra con ironía y ejemplos la corrupción del inmenso poder que siempre ha tenido la FIFA y sus cuasi emperadores, quienes se ahogan con su propia lengua y cinismo; explica, igual: con ejemplos que son flashazos, cómo el negocio de la esclavitud de piernas ha ido ahogando el gusto, la magia e imaginación, la libertad, en el campo de juego.Los antiguos entrenamientos

El capítulo referente a la Telecracia, personificada por Televisa, “el monopolio privado que es dueño del tiempo libre de los mexicanos y es también dueño del fútbol en México”, basta para que todo aficionado mexicano busque el libro.

En fin, el mar de historias compartidas por uno de los mejores escritores de habla hispana no tiene desperdicio. Al ser tan cortos los relatos, el libro obliga a llevarlo a todos lados para leerlo en cualquier oportunidad. El único reproche que cae al terminarlo es que la mayoría de las pequeñas crónicas son de las canchas de Europa y Sudamérica. La bibliografía –fuentes– compartida por el autor es una lista de pendientes para el lector que éste agradecerá.

Ficha: Galeano, E. (2010) El fútbol a sol y sombra (cuarta edición, aumentada, primera reimpresión). Ciudad de México: Siglo XXI.

Precio: 210 pesos en librerías. El mío lo conseguí en 160 en un  puesto del callejón Condesa Marconi, atrás del Palacio de Correos, en el Centro Histórico.

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Ming futbolero Teotihuacano futbolero

`Vivir´ de Julio Scherer García

20 Dec

Por Mauricio Romero

“El libro que descorre velos” fue la frase elegida para promocionar Vivir de Julio Scherer García. En 133 páginas el periodista de 86 años comparte en pequeños capítulos escenas rascadas de su memoria, unas personales, las más de interés público. Todo en primera persona.Vivir de JCG

Scherer García abre con el dolor siempre fresco por la ausencia de su esposa Susana. Recuerdos cargados del patetismo inherente al cáncer que acaba con una vida, el amor de su vida: “(…) le habían extirpado un seno, el  izquierdo, el natural reposo de mi mano derecha”.

El libro no está dirigido a periodistas, pero quien lo sea tragará con emoción las referencias breves al Scherer reportero en ciudades en llamas, en países calientes a punto de reventar: la Guatemala de Ydígoras Fuentes esposado a una cama (“pensé que me quedaban sólo unas horas”), la caída de Trujillo con balas zumbando las orejas, el frío de Rusia, la miseria humana del apartheid en Sudáfrica, la Argentina mundialista de Videla… el encuentro con Duvalier en la eternamente precaria Haití; “¿Qué acaso ustedes, en México, con la existencia de un partido único, no han resuelto de una manera muy elegante este mismo problema de la presidencia vitalicia?”, le preguntó el dictador, y ahora el autor lo reproduce en días del regreso del PRI a Los Pinos; Salvador Allende, quien le “abrió su vida privada”, completa el cuadro: “En una de mis últimas conversaciones con el presidente me dijo que su camino era cierto y lo conocía”, cuenta el fundador de Proceso. El apunte sobre la invitación del Mayo Zambada hace pensar que el pasaje está reservado para otro libro, por su cortedad.

La corrupción periodística es otro de los velos descorridos. Con vehemencia habla de Jacobo Zabludovsky, quien personificó “uno de los vicios mayores de las dictaduras: la libertad de expresión dictada desde el poder” y que hoy “ladra y de muy de vez en cuando enseña sus dientes sin filo”; de Healy Ortiz, dueño de El Universal premiado recientemente por Marcelo Ebrard (?), y los millones de pesos recibidos de la Presidencia de la República por sus servicios; de Joaquín López Dóriga, ignorado por años hasta que decidió rasurarse y posteriormente fue propuesto por el mismo Scherer como sucesor de Jacobo ante el fracaso de Guillermo Ochoa. “No imaginé entonces que alcanzaría a Zabludovsky en su comportamiento público”, escribe del monigote estelar de Televisa y su dueño, Emilio Azcárraga Jean, quien procede “de la corrupción como práctica y la impunidad como salvaguarda de sus intereses”.

El autor expone una hipótesis más del manotazo fatal a Excélsior de 1976, con Estados Unidos atrás de Echeverría, así como la protección dada por el general Cárdenas en crisis previas. Sin embargo, uno de los temas que mayor interés despierta es el relevo en la dirección del semanario nacido tras el golpe. Dudas personales, enredos internos y conflictos abiertos en la casa de Proceso, cuyo final fue la designación de Rodríguez Castañeda como director ante la furia de Carlos Marín, gritando que las urnas serían “envenenadas” en una elección donde los mismos reporteros y editores votarían, y de Froylán López Narváez, llamando a Scherer García “el Díaz Redondo de Proceso”.

La riqueza y el poder público siempre están maridados. La cena del 23 de febrero de 1993 pinta lo que es este país: los multimillonarios agradecidos con Carlos Salinas dispuestos a financiar al PRI. “Al final todos, sonrientes, brindaron con la copa en alto (…) Es sobre todo gracias a él (Salinas) que México está entre los países con los más ricos y los pobres más pobres”. Las manos llenas de unos cuantos a costa del patrimonio nacional por medio de la política neoliberal. Este episodio entre otros más de los hombres cubiertos en oro son contados por quien convivió con ellos, como observador, amigo o periodista, pero no siendo parte de ese mundo, prolongado por los gobiernos panistas y la profunda corrupción de Fox y Calderón, enfrentados con Gómez Morín por el autor.

Uno está preparado de alguna forma para leer sobre la podredumbre de políticos, periodistas y demás figuras públicas, pero ¿cómo se digiere un relato que detalla el otoño de un patriarca?, el de un patriarca que “ya no conoce, tal vez, ni su propio nombre”, como el mismo García Márquez dijo hace tiempo sobre el personaje creado por él con retazos de dictadores latinoamericanos. Julio Scherer narra lo que él cree fue su última visita al Nobel colombiano, encuentro en el que el maestro se enreda con las letras al escribir el apellido germano de su amigo después de preguntar por dos muertos: Carlos Fuentes y Susana, quien tenía años de haberse ido. El guiño de que nos preparemos para despedir a García Márquez es duro y obliga a releer el capítulo. Lo mismo ocurre con varias partes del libro.

Ficha: Scherer, J. (2012). Vivir. Ciudad de México: Grijalbo. 130 pesos.

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`Las historias más negras…´ de José Reveles

12 Dec

Por Mauricio Romero

El estilo de José Reveles es claro, como si contara a un amigo (el lector) las sórdidas partes de historias públicas, los detalles que nadie conoce y que todos deberían saber. Las historias más negras de narco, impunidad y corrupción en México es “una suma de horrores (…) un libro que en 30 apartados aborda una veintena de asuntos que tienen un común denominador, la corrupción”, escribe Granados Chapa en el prólogo intitulado Reveles revelador.Las hist. negras

En las 209 páginas de la edición para la Colección Crimen Organizado de Proceso y Grijalbo, se expone brutalmente, con ejemplos concisos y desmenuzados, el caos imperante en un Estado incapaz de ofrecer seguridad a su población ni mucho menos certeza de lo que ocurre en la vida nacional. “En este libro se narran historias de impunidad que han permitido que lo arbitrario, ilegal e inimaginable vuelva a ocurrir, porque los mexicanos no hemos logrado vacunarnos contra el virus de la corrupción”, asegura el autor en la introducción que adelanta una conclusión.

Temas de impacto internacional como la muerte de Juan Camilo Mouriño, el asesinato de civiles en Michoacán el 15 de septiembre de 2008 en un acto calificado por el propio gobierno como “narcoterrorista” y los secuestros hipermediatizados de Fernando Martí y Silvia Vargas se hilan por la implicación oficial en los hechos. Reveles narra las inconsistencias, mentiras y pruebas que desnudan complicidad entre el llamado “crimen organizado” y autoridades federales, con Felipe Calderón como mando absoluto.

Los señalamientos sobre la corrupción infame de Genaro García Luna son de dominio público, así como la injustificable protección de los gobiernos panistas al ingeniero-policía, y las suspicacias sobre la caída del avión en el que viajaban el entonces secretario de Gobernación y el cuestionado exzar antidrogas José Luis Santiago Vasconcelos son generalizas –“¿en qué cabeza cupo haber puesto en la misma aeronave al funcionario más amenazado y con comprobados intentos de emboscadas y ejecuciones, al individuo que palomeó a los más peligrosos extraditables, junto al  político-empresario a quien Felipe Calderón había decidido impulsar para sucederlo en Los Pinos?”, pregunta Reveles–. Entonces, las investigaciones dan seriedad y respuestas a las dudas populares y ponen en jaque toda versión oficial.

Quizá el caso que más estremecerá al lector es el de las “granadas de Morelia” que mataron a personas inocentes que festejaban el Grito de Independencia en la plaza pública de la capital michoacana. Culpables fabricados, desgracias oportunas y atropellos al debido proceso exigible en todo estado de derecho arrojan una hipótesis: el primer acto “narcoterrorista desde el poder” en aras de legitimación.

Como lo advierte Granados Chapa, el hilo conductor en Las historias… es la corrupción; el poder político en favor de la ilegalidad para la protección de pederastas, la destrucción de vestigios mayas, la venta de plazas de comisionado para la Policía Federal, la manipulación de testigos “protegidos” para vengarse de quien denuncia, inventar post mórtems que aseguren el suicidio retorcido de defensores de derechos humanos, traficar cocaína preñando vacas o volando con pilotos de Conagua… espiar a cualquier ciudadano incómodo.

El libro brinda relatos que contados en una reunión pasarían por chuscos, pero que en realidad no lo son. Por ejemplo, las estafas e intento de negocio del cardenal Norberto Rivera con la imagen de la Virgen de Guadalupe o la doble forma de ganarse la vida de Daniel Arizmendi, una como El Mochaorejas secuestrador y otra como Pedro Ríos, exitoso prestamista.

“Si no se diera por sentado que los lectores de Reveles tienen un criterio maduro y una base emocional sólida, habría que vender este libro con una nota que advirtiera de los peligros que su lectura puede suscitar”, aclara Granados. Pero quienes se disponen a leer muestran con “ese gesto que desean saber con certidumbre lo que acontece a su alrededor, pues de la conciencia de lo que ocurre se puede pasar a la acción ciudadana que permita eliminar las nefastas conductas de quienes tuercen la ley en vez de aplicarla”, remata el fallecido maestro.

Ficha: Reveles, J. (2012). Las historias más negras de narco, impunidad y corrupción en México. Ciudad de México: Grijalbo & Proceso. 80 pesos.

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23 Oct

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